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"Cada bebé crea el universo"
miércoles, enero 24, 2007
Entrevista al experto en teoría del caos OTTO RÖSSLER, por Víctor-M. Amela en La Vanguardia 11/01/2007

Tengo 66 años. Nací en Berlín, trabajé en Estados Unidos y vivo en Tubinga (Alemania). Soy catedrático en Teoría del Caos, doctor honoris causa en Medicina y Bioquímica, e investigué en biología cibernética para psicología conductista en el Instituto Max Planck. Soy políticamente mío. Sin la idea de Dios no habría ciencia.

- Sin Dios, ¿no habría ciencia, dice?
- La ciencia es un pulso con Dios para arrebatarle secretos, quitarle velos y verle la cara: ¡es una pulsión religiosa!

- ¿La sentía Einstein?
- Claro: Einstein era un niño, ja, ja... Yo también, ¿eh?

- ¿Qué quiere decir?
- Que jugaba a descascarar la nuez, a entender la causa última del universo, la ley que lo rige todo..., eso llamado Dios.

- ¿Lo conseguirán los científicos algún día?
- Yo no lo creo, ¡pero no por eso vamos a dejar de jugar! Este juego se llama ciencia.

- ¿Por qué dijo Einstein aquello de que "Dios no juega a los dados"?
- Se resistía a aceptar que quizá no hubiese tal principio último que daría coherencia a la totalidad de los contradictorios fenómenos de la naturaleza.

- ¿Y si fuese Azar el nombre de Dios?
- La ciencia está en ese pulso... Y la teoría del caos es parte del pulso.

- ¿Es aquello del efecto mariposa?
- Sí: una mariposa bate aquí sus alas... y eso genera un ciclón en el trópico. Es una buena imagen para ilustrar lo entrelazado que anda todo en el cosmos: cada fenómeno es efecto de otros y, a su vez, concausa de otros.

- Ahora doy esta palmada: ¡plaf! ¿He modificado el universo?
- Sí.

- Y con un pensamiento, ¿lo modifico?
- Sí. ¡Sobre todo si los demás nos enteramos de lo que piensa, ja, ja...!

- Así, ¿todo es concausa de todo y somos todos corresponsables de todo?
- Así es. Pero los vectores son tantos y tan diversos que somos incapaces de predecir la evolución de los sucesos. Quien primero aludió al caos fue Anaxágoras (siglo Va. C.): describió el universo como una mezcla de elementos..., pero dijo que había algo tan sutil que permanecía sin mezclarse y que, por eso, podía desmezclar: el nous (inteligencia).

- ¿Y cómo ve usted todo esto?
- Lo impredecible admite sólo dos posibilidades: a) todo está escrito y no sabemos leerlo;b) todo es mágico.

- ¿Es mágica la evolución del clima?
- No, pues aun siendo impredecible... ¡entendemos por qué es impredecible!

- Inventó el Atractor Rössler: ¿qué es eso?
- Una máquina para mezclar y desmezclar elementos. Crea unos efectos espirales muy bonitos...

- ¿Espirales? Como las galaxias, entonces.
- Sí, es verdad.

- Los átomos ¿son como galaxias aunque a una escala distinta?
- Quizá, pero a partir de cierto punto no podemos observarlos... ¡Desenfoque cuántico,lo llamó Heinseberg! Al acercarnos tanto a observar... alteramos lo observado.

- Como un antropólogo que quiere describir una tribu aislada: al entrar en ella, la altera.
- ¡Y no sabrá ya cómo era esa tribu antes de mirarla tan de cerca! Sí, ése es un buen símil. Eso sucede al observar el orden subatómico, y a eso yo lo llamo endofísica.

- ¿Qué entiende por endofísica?
- La descripción de la realidad desde dentro, desde los sentidos. La exofísica sería una virtual mirada externa de la realidad.

- ¿Y qué entiende usted por realidad?
- Llamamos realidad a la conciencia.

- ¿Y qué es la conciencia?
- Un embrión humano ¿tiene conciencia? No. ¿Y el bebé... a partir de qué instante tiene conciencia? ¡Sucede bruscamente!: en biología se verifica la teoría de las catástrofes.

- ¿En qué instante precipita la conciencia?
- La madre sonríe, eso proporciona placer al bebé, el bebé sospecha que la madre desea alegrarle... y él bebé sonríe a la madre. ¡Esa sospecha de benevolencia es la catástrofe que le decía!: y ahí sobreviene la conciencia.

- Y, por tanto, aparece la realidad.
- ¡Sí! ¡Ese instante es una bomba cósmica! El bebé acaba de inventar a su madre. La crea como persona. Y así nace él como persona. Crea el universo. Cada bebé crea el universo. He ahí la fuerza creadora del cosmos.

- Lo cuenta usted como una cosmología...

- Y lo es. Bien, tenemos ya aquí la conciencia: ¿le cuento ahora cómo nació el racionalismo moderno y nuestra ciencia?

- ¡Encantado!
- Sucedió en la noche del 10 al 11 de noviembre de 1619, en la que un joven de 23 años soñó que sobre su mesilla de noche había un libro titulado Quod vitae sectabor iter?

- Que en latín significa...
- ¿Qué camino debemos escoger en la vida? ¡Esa pregunta era entonces la esencial para nuestro joven! Ansioso, se disponía ya a tomar el libro... cuando un terrible viento se lo arrancó de las manos. Desesperado, el joven despertó... Se llamaba René Descartes.

- ¿Y qué tuvo que ver aquel sueño de Descartes con el nacimiento de la ciencia?
- Airado, Descartes decidió reparar tamaña injusticia divina... mediante el empleo de su razón. ¡Lucharía por entender el mundo!: ahí empezó nuestro pulso con Dios.

- ¿Y en qué punto del pulso andamos?
- Es un pulso a vida o muerte. Yo estoy en él. Yo..., yo tenía un hijo de siete años. Un día veíamos en la tele una escena de una película en la que Abraham iba a sacrificar a su hijo Isaac, y mi hijo me preguntó: "¿Papá, tú harías también todo lo que Dios te pidiera?". "No", respondí. Once horas después... mi hijo moría... ¿Hay acaso desafío mayor?

- Lo siento, señor Rössler...
- Luego he sabido que a Descartes se le había muerto también un hijo de cinco años, muy poco antes de aquel sueño suyo...

- Dios... ¿es cruel?
- Es benévolo: nos deja luchar contra él.

SONRISA

Una colaboradora de Rössler interrumpe nuestra charla: tienen cita para comer con no sé quién, y después él impartirá una conferencia en el CCCB sobre la teoría del caos... Acaba así una charla subyugante, que me abducía en una espiral de bellos enigmas, y que a Rössler parece complacerle: "¡Ah, qué placer hablar de todo esto!", ha suspirado. Me confiesa que sus colegas científicos hace años que miran a otro lado cuando él les expone ciertos postulados... Así, Rössler me asegura que él, cibernéticamente, ¡podría crear conciencia! Intuyo que este hombre acaricia grandes secretos, y me atrevo a pedirle que me dibuje el universo en un trozo de papel. Y dibuja un círculo de puntitos... sobre el que flota una sonrisa maternal. Salimos a la calle, y allí pide que nos fotografíen juntos...

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Escrito por Manu / Vínculo permanente de la entrada /  

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